5 mar. 2010

Haciendo dedo...

De las inconfesables “actividades” que hacíamos con XM para darnos a la buena vida. (Conste que XM siempre fue así.) Una vez, ella se anotó en un montón de cursos de recreación para secretarias. Cursos Gratis. La idea en aquellos tiempos era esa, compartir más tiempo juntas haciendo algo placentero después del horario laboral.

Nos habíamos conocido en el trabajo. Ella era la del edificio de oficinas y yo la chica que hacía tal cosa en el local. Ella siempre fue muy atractiva y graciosa y además le ponía un empeño extraordinario a nuestra incipiente amistad. Yo, atravesaba una época de colección de amigas, así que una más o menos, no hacía a la diferencia. Pero ella insistió, debo admitirlo, y después de varios de sus chistes y de compartir las desventuras de los novios de entonces, nos hicimos muy amigas. Tan amigas que, cuando yo me tuve que ir de la casa en la que vivía, ella y Electra me recibieron en la suya. De ahí Electra, XM y yo en la casa blanca y luego, otra vez el dream team completo en la casa con avistamiento de ratones.

Una vez, XM nos anotó en un curso gratuito de ocho clases de danza árabe. Sí. Danza Árabe. Fuimos. Xm, prefería ocupar los lugares del fondo, adelante las avanzadas, en el medio, las intermedias. Tampoco eran tan sencillos esos movimientos de cadera, y sí, en la mitad de la clase, nos rajábamos unas risas bárbaras. Una vez la profesora, que alentaba sospechosamente mis dotes de bailarina “exótica” tuvo que irse en mitad de la clase, dejando el curso en manos de una de sus alumnas avanzadas, Naomí. Ese día, yo aprendí. Esa chica contorneaba mejor sus caderas, entre silenciosa y expectante era mucho mejor que la que oficiaba de profesora. Ese día era nuestra octava clase, y así que como era de preveer, nos fuimos con Xm para nunca más volver. Pero en nuestras palabras de salida, entre besos finales, le agradecimos a Naomí sus buenas dotes de maestra. Nuestras vidas transcurrieron, seguimos hablando de nuestros novios, de nuestros planes a futuro, pero siempre la imagen de esa chica volvía a nuestra retina, en gesto de gratitud.

Nuestra casa era enorme, antigua y servía a los fines de aunar a la muchachada, a la hermandad que eran los amigos de esos tiempos. El novio de XM y su amigo vinieron una noche con un plan prometedor: filmar una película porno argentina. La productora les daría el dinero, XM y yo intentaríamos derribar los mitos masculinos del género, escribiendo en parte el guión. Nada de cachetadas en la cola, ni tacos aguja, ni uñas esculpidas. No,  igualdad de placer en un género impenetrable a los grandes cambios de paradigma.

Esa noche, abismados por el alcohol, miramos unas diez películas XXX argentinas. Buscábamos actores y actrices. Sabíamos lo que queríamos. En la última película, si la memoria no me deja a pata, Haciendo dedo, en una prolongada escena de sexo oral, una muchachita tímida pero bien gauchita llamó nuestra atención: si, Naomí.
Creer o reventar Naomí, en hebreo significa “la que lleva consuelo”...