21 mar 2010

Boby - El violinista que dejó la música de cámara y puso un pelotero.Vol. III

Boby, había confesado su pasión por la música clásica, su paso por algunas notables orquestas de la ciudad, su especialidad: el violín. Boby estaba en una época de cambios, de borrón y cuenta nueva, había dejado el violín, había asumido que el violín se tocaba bien o no se tocaba. Había confesado que él era malo, que ya no podía, que ahora iba a intentar olvidarlo, apagarlo. Fade out del violín y punto. Yo intenté en vano, volverlo a sus fuentes, que el violín mal tocado en chacareras podía andar. Detesto la chacarera – dijo, y supuse que la cosa iba más lejos.
Me dijo que le gustaba mi voz, mi sonrisa y que quería conocerme. La lista era modesta, pero pensé que con un poco de charla podíamos encontrar algo más en común que mereciera un futuro encuentro.
Durante esa semana, Boby llamó a casa varias veces, su humor a secas, su seriedad, su sensatez, también su insistencia, pusieron fecha a la cita esperada. Yo, estaba en una época de apertura pero a la vez, de poca paciencia. Entonces supuse que conocer a Boby encajaba en el plan B, que el plan A bien podría ser ver una película que yo quisiera. Aceptó.
Mi cultura mercenaria iría más lejos aún. Mi amiga Mirta en Liniers se sumó a la salida, sin que él lo supiera. Así que fuimos con Mirta al cine, yo sacaría las entradas y lo esperaría, el llegaría sobre la hora porque vendría con el tiempo justo de trabajar.
Con Mirta, y las tres entradas en la mano, intentamos hacer foco en algunos de los presentes, que como nosotras esperaban en la puerta del cine. Un gordo pelado y sudado. Un alto delgadísimo, vestido como para una fiesta de quince en 1987. Un anciano, plegado sobre su eje con bastón. Un Pappo de cuarenta largos, tintura recién echa y campera de Kiss. Los cuatro, celular en mano. El futuro era descorazonador. Afortunadamente Boby me llama y anuncia su llegada en diez minutos. Mirta dice que por nada del mundo se perderá las publicidades o los avances de otras películas. Subimos a la sala. Mirta entra y se sienta varios asientos adelante. Yo espero al lado de la chica que corta las entradas. Pasan unos intensos diez minutos… Boby avanza con pasos raudos, me da un beso. La decepción ahoga mi sonrisa, pero evito ser ingrata, le doy charla, nos sentamos. Comienza la película. Entre sombras Mirta gira la cabeza y mira al tipo en cuestión. Eleva su pulgar. Lo aprueba. Yo deseo con fuerzas que la película aumente mis ganas, descendidas a cero.
La película dura dos horas, es francesa, y puro diálogo. Mala elección. Dos horas en silencio con un desconocido. Sin palabras que medien el encuentro. Salimos. Yo quiero tocar algún botón y hacer la Gran Houdini. Pero pienso en eso de la ingratitud y me la banco.
Salimos, Mirta se acerca y nos saluda. No está sola, está con mi otra gran amiga Lou Lou, que la vino a buscarla a la salida. Presentación, Lou Lou, Mirta, él es Boby. Lou Lou, dice algo así “la noche no está tan mal” código interno en clara alusión a Boby. Boby ausente busca el botón, es él ahora quien quiere desaparecer en la inmensidad de la noche.
Las chicas se van de tragos a un bar. Las veo alejarse. Me iría con ellas. Pero pienso darle a Boby otra oportunidad. Le cuento que a diez cuadras hay un bar bonito en el que un pianista toca jazz. O que podemos ir a la confitería esa de la esquina del cine, que es fea como cualquier confitería del montón. Prefiere la opción dos, yo ya veo que la decepción es compartida y me alivio.
Entramos, supongo que un poco de alcohol podrá liberar tensiones. Le doy dos horas de changüí.
Se acerca el mozo, él pide un exprimido y un tostado, a la una de la madrugada. Yo me pido una cerveza grande, para que vea que en ciertos momentos, el exprimido es un juego de niños.
El quiere saber más de mí. Estamos en Caballito, en el barrio de toda mi vida. Entonces le cuento mis mejores historias de infancia y también algunas mariconadas de adolescente. El me dice cosas bonitas. Mi cerveza va desapareciendo, la hora está llegando a su fin. El intenta un último envión, cuenta su vida. Que de violinista de filamónica ahora está en vías de cambio. Que su malestar con el violín no tiene límites, que dejarlo en un rincón, borrarlo de la memoria es lo que queda. Que ahora viendo las vetas comerciales de su sala de ensayo se pondrá un pelotero. Que los niños no son lo suyo, pero que la decisión está tomada. Elevo mi último sorbo de cerveza para ahogar los dos o tres bostezos que no quiero evidenciar. Le digo que me tengo que ir, que al otro día debo levantarme al alba. Salimos, ante su mirada de estupor, la lluvia comienza a largar sus primeras gotas. A veces cómo es la naturaleza, ¿no?, que se empeña en demostrarnos que está presente, pienso. Boby intenta nuevos piropos, creo que asume que la batalla está perdida. Yo paro el primer taxi que se acerca. Me dice que no me vaya sola que me acompaña hasta la puerta de casa. No, yo no quiero escenas en la puerta. Quiero suprimir la despedida, perderme en la noche y olvidar a tiempo.
Subo al taxi. La lluvia comienza a caer con ganas. En plenas vacaciones, una lluvia fuerte de verano…Boby, con la lluvia rodando por su impecable atuendo, abre los brazos, en señal de pregunta. Le indico al taxista la dirección, no puedo verlo más así. Boby me da una pena infinita. Pero no puedo hacer otra cosa. A veces, es lo que hay. El semáforo corta justo cuando el taxista intenta acelerar. Nos quedamos así: Boby, en la lluvia impasible, gotas que caen sobre esa roca caliente, pienso. Boby, abandonado, el auto que acelera. Y ahí sin mediar más empiezan los acordes de la canción...



Gracias a Ménage, que me indicó las artes necesarias para subir el video.
Gracias Dondeló, que insistió con sus votos para que esta lamentable historia salga a la luz.
Dedicado a Mariano, quién bajó el telón de un blog que amaba.

15 mar 2010

Tú eres Héctor...

Habíamos ido al cine a ver un documental con mi amigo N. Una película del poeta Néstor Perlongher. Su vida, su militancia en el Frente de Liberación Homosexual, su obra. La película se está pasando en estos días en el Malba, se llama Rosa Patria, dirigida por Santiago Loza.
Me gustó la película por su tono de humor, por su simpleza, por su dolor sin golpes bajos.

Al salir, intentamos alejarnos lo más posible de esa zona de burguesía y familias patricias, sin éxito. La caminata selló su destino en la calle Santa Fé. Entramos a un bolichito de comida regional, pedimos empanadas y cerveza, sí, N hubiera preferido vino, que combina mejor con las empanadas y cosas por el estilo, pero aceptó sin reparos en tomar cerveza. En esas, se acerca un señor, el mozo, estableciendo la rutina repetida de todos los mozos, “¿van a pedir?” “buenas noches, ¿ya saben qué van a pedir?” “¿les traigo la carta?… N, sugirió eso de pedir empanadas. Yo hubiera elegido mirar la carta, pero ciertas concesiones con los amigos se agradecen, así que acepté sin censuras su sugerencia. Al mirar al mozo, como un chorro de soda, se me escapa un “¡usté es el de la foto de Marcos López!” con la felicidad instantánea de una sonrisa indestructible, experimenté un impulso devorador por saberlo todo. El señor, Héctor, sonrió también. Tal vez se sintiese halagado por esa pequeña fama que debe de haber experimentado en el bodegón., con otros como yo, que entre locros y tamales, encontraban el eslabón perdido. Sí, me volví abusiva, le pregunté todo, hasta que decididas, las empanadas nos devolvieron a la intimidad de a dos, mi amigo N y yo.
Supuse que Héctor respiraría aliviado, que volvería a la práctica, al frotado de vasos, al servicio con los pocos comensales de las otras mesas que no advertían que él era él. Pero no, Héctor estaba dispuesto a más, me tocó el hombro, con reservas y mucho respeto y me llevó a pasitos de mi mesa, en dónde estaba colgada en tamaño póster de películas, esa foto de la hablábamos, con reseñas de diarios y revistas. Un pequeño santuario que le recordaba una y otra vez, que él era Héctor, el de la foto de Marcos López. Después nos acercó a N y a mí, dos bonitos catálogos, gentileza del fotógrafo, para que degustáramos de más o para que las empanadas fueran buscando una plácida redención al calor de las fotos.

Al salir, N comenzó a describir algo que nunca alcancé a escuchar. Yo estaba lejos, en el recuerdo de la foto, en la coincidencia de que Marcos López se cruzara por tercera vez en mi vida a través de su obra. Entoces, una imagen clarita me toma por asalto, el capítulo – El sustituto – en el que Lisa Simpson enamorada de su maestro suplente decide invitarlo a cenar a su casa. Pero la señorita Hoover regresa a su curso anunciando con su aparición el fin de las clases del maestro. Lisa no pierde su afán por buscar a su maestro por todos lados, y descubre que el tipo dejaría la ciudad en tren. Cuando llega a la estación, se encuentra con él, le dice que estará perdida sin su compañía. Entonces el buen sensei, Bergstrom, toma una hoja de papel y le escribe a Lisa una nota de aliento, un mantra para los días sin sol. Cuando el tren se pierde lejos, Lisa lee: "Tú eres Lisa Simpson".

9 mar 2010

¿Acaso sueñan las mujeres chiquitas con hombres gigantes?

¿No te dabas cuenta que era una provocación?

Cierta noche de verano, una amiga que ya no lo es, me invitó a una fiesta. En la fiesta ella conocía a dos o tres, y se escurrió entre risas conocidas, en la espesura de la noche. Yo, quedé ahí, conmovida por el ruido entre caras anónimas, sin nada que hacer. Pensé en esfumarme, en salir de raje de ese lugar. Pero la sed pudo más y me quedé. A veces, una circunstancia menor, releva los planes de un escapista confeso. A mi me pasa así. De pronto mi aparente estatismo silencioso, se transformó en acción. Un tipo hablaba de las tejas que quedan muy lindas en esos tipos de techo, que reemplazarlas, conseguirlas igualitas era tan difícil como sacarse la grande. Que de todos modos, las ausentes serían reemplazas, que no, que no valdría la pena llamar a un arquitecto. Que incluso en la terraza, la membrana estaba de maravillas. El tipo, en la cocina, señalaba con precisión los arreglos futuros de la casa. Yo, después de ver en la mesada duraznos,  una licuadora y un ron, le pregunté si podía preparar daikiris.

Para eso están. – dijo.

Me sentía mejor. Tenía algo que hacer mientras esperaba el retorno de mi amiga.

Un poco así como Marx decía que el hombre se realiza en el trabajo. Un poco así me empecé a sentir cuando los que entraban en la cocina se anotaban en la lista de futuros daikiris, cuando me preguntaban por las cervezas, los vasos, el baño. Un pequeño arsenal de saber que había amontonado mientras pelaba las frutas… mientras echaba el hielo, el azúcar, y la medida a ojo del ron.

De la primera tanda, no pude separar un vaso para mí, entonces me vi forzada con cierto agrado a repetir la tarea. Si, lo hice otra vez. Pero el cuchillo había cambiado de manos. Un nosequién altísimo se había sumado a pelar.

Me gustan las mujeres que hacen y callan. – dijo.

Me pareció un idiota más, lo di por muerto y fui a buscar más hielo. Al regresar, el tipo alto había pelado las frutas, había echado el ron y el azúcar. Faltaban los hielos y los sumé.

La mujer en la cocina, chiquitita, callada, qué placer...- dijo.
Mi mirada evitó cualquier comentario. El tipo alto sirvió varios vasos, separó dos, y se fue a repartir los restantes a los que bailaban en el patio. Ahí, ni antes ni después advertí, en ese gesto solícito de servir a los demás, que tal vez y a pesar de sus dichos, tenía algo que me gustaba.

Al volver, tomó los dos vasos que había separado, me miró, y sonrió con una sonrisa de soborno.

Vení, piba, vamos a la terraza ...– dijo, mientras esperaba una respuesta positiva de mi parte.

Lo seguí, un poco incómoda o confundida. Vi sus piernas largas subir de dos en dos la escalera a caracol, vi su nuca pelada, sus brazos lánguidos, la inmensidad de sus dedos abrazando los vasos.

En la terraza no había nadie. Nos sentamos, por sugerencia de él, en un techito de chapa y también por sugerencia de él, brindamos.

¿No te dabas cuenta que era una provocación? – dijo, después de probar el daikiri y pasarse la mano por la pera.

Advertí el juego. Me reí.

Después me contó que había nacido en Mendoza, que había estudiado en Córdoba y que desde hacía siete años había adoptado a Buenos Aires como ciudad para vivir.

Y después ... entre cigarrillos que él me ofrecía, miramos el cielo, y empecé a conocer los recorridos de su vocación. Me habló de las estrellas, señaló las constelaciones que se veían desde nuestro hemisferio, y de Galileo, Copérnico, de tal y tal, y mientras el cielo reservado, era nuestra mejor compañía.

Mi amiga subió a la terraza.

No te encontraba por ningún lado... - dijo, pero no a mi, sino a él. Comprendí que estábamos en esa fiesta por él. Que mi amiga quería con él.

¡Vamos!  – dijo, esta vez a los dos.

Entendí que debía descontar mi presencia de ahí. Bajé a buscar mis cosas. Al verme, unos que aplaudíeron, pedían más daikiris.

La chica del daikiri. – dijo alguien.

El hombre alto me siguió, me dijo que podíamos ir a su casa, a desayunar o a dar vueltas por ahí hasta que amaneciera. También a patear tachos.

Mi amiga nos asignó un lugar a cada uno en su auto. A mi me mandó atrás con otros dos a los que yo no conocía, a él lo sentó a su lado. Yo fui la primera en bajar. Saludé y me metí en mi casa. Otra vez, alguien que me gustaba se escurría de mi vista.

Tal vez esa fue la razón de más peso a la hora de distanciarnos mi amiga y yo. Y no tanto que ella no escuchaba o que era lo más parecido a una oligofrénica. Ella tenía con la gente ciertos títulos de propiedad y a pesar del trabajo acumulado entre frutas peladas y provocaciones, de la charla y las estrellas, el tipo alto era de ella. Y punto.

En esa época yo aún miraba tele. Al acostarme la encendí, y si hasta ahí la noche no tenía el mejor epílogo. Lo tuvo después, cuando en I-Sat encontré por desliz Buffalo 66. Esa fue la primera noche que la ví.

5 mar 2010

Haciendo dedo...

De las inconfesables “actividades” que hacíamos con XM para darnos a la buena vida. (Conste que XM siempre fue así.) Una vez, ella se anotó en un montón de cursos de recreación para secretarias. Cursos Gratis. La idea en aquellos tiempos era esa, compartir más tiempo juntas haciendo algo placentero después del horario laboral.

Nos habíamos conocido en el trabajo. Ella era la del edificio de oficinas y yo la chica que hacía tal cosa en el local. Ella siempre fue muy atractiva y graciosa y además le ponía un empeño extraordinario a nuestra incipiente amistad. Yo, atravesaba una época de colección de amigas, así que una más o menos, no hacía a la diferencia. Pero ella insistió, debo admitirlo, y después de varios de sus chistes y de compartir las desventuras de los novios de entonces, nos hicimos muy amigas. Tan amigas que, cuando yo me tuve que ir de la casa en la que vivía, ella y Electra me recibieron en la suya. De ahí Electra, XM y yo en la casa blanca y luego, otra vez el dream team completo en la casa con avistamiento de ratones.

Una vez, XM nos anotó en un curso gratuito de ocho clases de danza árabe. Sí. Danza Árabe. Fuimos. Xm, prefería ocupar los lugares del fondo, adelante las avanzadas, en el medio, las intermedias. Tampoco eran tan sencillos esos movimientos de cadera, y sí, en la mitad de la clase, nos rajábamos unas risas bárbaras. Una vez la profesora, que alentaba sospechosamente mis dotes de bailarina “exótica” tuvo que irse en mitad de la clase, dejando el curso en manos de una de sus alumnas avanzadas, Naomí. Ese día, yo aprendí. Esa chica contorneaba mejor sus caderas, entre silenciosa y expectante era mucho mejor que la que oficiaba de profesora. Ese día era nuestra octava clase, y así que como era de preveer, nos fuimos con Xm para nunca más volver. Pero en nuestras palabras de salida, entre besos finales, le agradecimos a Naomí sus buenas dotes de maestra. Nuestras vidas transcurrieron, seguimos hablando de nuestros novios, de nuestros planes a futuro, pero siempre la imagen de esa chica volvía a nuestra retina, en gesto de gratitud.

Nuestra casa era enorme, antigua y servía a los fines de aunar a la muchachada, a la hermandad que eran los amigos de esos tiempos. El novio de XM y su amigo vinieron una noche con un plan prometedor: filmar una película porno argentina. La productora les daría el dinero, XM y yo intentaríamos derribar los mitos masculinos del género, escribiendo en parte el guión. Nada de cachetadas en la cola, ni tacos aguja, ni uñas esculpidas. No,  igualdad de placer en un género impenetrable a los grandes cambios de paradigma.

Esa noche, abismados por el alcohol, miramos unas diez películas XXX argentinas. Buscábamos actores y actrices. Sabíamos lo que queríamos. En la última película, si la memoria no me deja a pata, Haciendo dedo, en una prolongada escena de sexo oral, una muchachita tímida pero bien gauchita llamó nuestra atención: si, Naomí.
Creer o reventar Naomí, en hebreo significa “la que lleva consuelo”...

2 mar 2010

Happiness


De los interminables días de pereza quedan las migas. Este día fue uno de esos en los que se cifra un antes y un después. Días de valentía. Es que una a veces es tan tolola que se somete a su propia idiotez y descree de todo. Hoy, recuperé confianza, che. Estoy feliz. Hoy no podré decir, le encontrás el gusto a las derrotas y paradójicamente te volvés invencible, como me confió alguna vez Akira. Hoy, las cosas salieron bien. Hoy, todos los caminos parecen encontrar su cauce. Hoy, ¡soy invencible!
Gracias Lou Lou y Mirta, esas charlas no se las lleva el viento. Gracias a la amiga blogger que le pone garra desde su mail.
Se terminó el día pero quiero decir otra vez, este blog cumple un mes. Segundo mes. Para celebrarlo con quienes lo merecen, en este acto precario y simbólico quiero arrojar los guarismos, separando por ternas:

1) Electra, inquebrantable, inextinguible, indestructible en su primer lugar. (foto de post)
2) Mirta en Liniers y DeVezEnCuando, bastante más lejos, auxiliando desde el segundo puesto.
3) dondelohabredejado, ::♥ Sol ♥:: y Petardo Contreras, pisándoles los talones a los segundos.


A todos, gracias por dejarme hacer la plancha en el aire!

26 feb 2010

Chancho friendly!

Habíamos salido de vagabundeo errante y largo. Unas vacaciones que comenzaban – pasados los límites de nuestra soberanía – en Bolivia. Habíamos viajado veintisiete horas hasta Jujuy, sí, sí, por tierra. Con la benemérita suerte de cambio de micro en Tucumán por desperfectos técnicos, con la desgraciada circunstancia que desde Liniers – y eso que habíamos salido de Retiro – el aire acondicionado se había roto. Esto, más los olores pestilentes y repentinos que afloraban de ciertos bajo-vientres, conformaban un buen prólogo de lo que vendría después. Al llegar a La Quiaca, nos anuncian unos angelitos vendedores de coplas que se vendría un gran paro nacional de transporte en Bolivia, que duraría al menos tres días. Sí, sí, créame. Incluso, si yo fuera creyente juraría que fue cierto. Caminamos hasta la frontera con Bolivia y seguimos de viaje, sin escalas, unas dieciséis horas más de hostilidad rutera: cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo, pensé. Tal vez, porque se saca más lamiendo que mordiendo, el chofer tuvo la feliz idea de hacer una parada en horas de madrugada y nieve. En la parada cinco o seis cholas revolvían sus guisos ante la lánguida luz de unos faroles a garrafa. Quise un tentempié, y pregunté de qué eran esos sánguches que estaban a la venta. La señora dijo: solito aceitunas. Miguel, Miguel, no tienes colmenas y vendes miel, pensé.
No se veía nada. Una noche partida por un par de estrellas agónicas.
Una de mis compañeras de ruta se sentía muy mal, estómago revuelto y contorción. La acompañé al “baño”, pensé en algo así más valen amigos en la plaza que dineros en el arca. Entramos a unas tienditas que oficiaban de baño. Ella en una. Yo en otra. Antes que el gallo diera las diez, mi amiga soltaba el ave maría por culo. Yo como buena cazadora a la que no se le escapan las palomas, me bajé mi prenda íntima y me procuré embocar el pipí en un hoyo corroído por los restos de otros. Pero en esas, como evidencia de un destino testarudo, un ser de más talante, sopesó culo veo, culo quiero. Y tal fue mi suerte y su deseo que, en el preciso instante en el que el chorrito de pis se deslizaba corriente abajo, una lengua espesa de lija recorrió toda la raya de mi culo. Porque más vale mujer prudente, que fuerte, giré la cabeza, con mi culo en alza como toda metralleta y lo ví. Un chancho inmenso se relamía extasiado el néctar de mis esfínteres. Ahí me pregunté ¿la culpa la tiene el chancho o el que le da de comer?

22 feb 2010

El club de los suicidas

Tengo mucho trabajo por hacer pero ningún órgano a tono que pueda relevar la tarea. No quiero hacer nada. De hecho, hacer nada me fascina. Nada. Nada de nada. Seguiré especulando con eso de que el año calendario aún no comenzó. Se impone el fin de mes. Se impone un ejército de horarios por cumplir. Pero no tengo ganas de hacer nada. Aunque sé que tengo que volver a calentar los motores, a darle un envión a esta vida perezosa. Voy a hacer esto:  seguir escribiendo lo que empecé y para eso necesito juntar pedacitos de historias de oficina. Testimonios. Testimonios de una vida que suele ser más imaginable que la mía. El pedido empezó a cobrar sentido ayer cuando Martín me relató su propio burn out (síndrome del quemado) y ahora mi voracidad depredadora de historias pide más. Más. Quiero burn out, ataques de pánico, síndrome del cubículo, mareos, propuestas indecentes, ascensos, renuncias, disfunciones sexuales por stress laboral, estados de shock, diarrea nerviosa, liderazgo inadecuado, insomnio, hipertensión arterial, infarto al miocardio, conductas antisociales, psicosis severas, karoshi.
Si, se que podrá sonar áspero el asunto pero tengo que escribir eso. Ya dí mi palabra. Dejo, a modo de ejemplo, una historia real que sucedió en japón. Nada tiene que ver con oficinas pero también me entusiama la frustación ahogada que lleva a algunos al suicidio.
Suicide Club: 54 chicas se tiran a las vías del tren. Pero este suceso es sólo el principio de lo que parece ser una serie de suicidios en cadena por todo Japón. ¿Tendrá algo que ver el nuevo grupo musical Desert? El detective Kuroda intentará encontrar la respuesta, que no resultará tan sencilla como él desearía... (FILMAFFINITY) ver video

Martín ..... dice:

Yo tuve un burn out, ataques de pánico, mareos, en realidad fue paulatino, sentía que me moría y era cada vez mas grave como consecuencia del stress laboral, a veces sentía que me iba a morir de un ataque al corazón. Al principio no se lo conté a nadie porque pensé que era pasajero pero empezó a pasarme todo el tiempo. Iba en el subte y pensaba que descarrilábamos o que explotaba todo, y era pánico, todo generado por mi cuerpo, nada más. Una vez vomité en el medio de una reunión muy importante. Quise decir algo y vomité.
Otra vez estaba haciendo un informe y pensé que había un terremoto o un temblor. Veía que el piso se movía o que el techo se caía.  Fue horrible hasta que llegó un punto en que no podia más y fui al médico. Me hizo mil estudios y no tenia nada, estaba pasado de presiones y de trabajo. En un año habia engordado 10 kilos! Entonces el médico me dijo así de una: stress. Encima yo estudié para sommelier y ese año tome mucho alcohol como para silenciar la caída….
Ahora? Estoy bien, ya pasó lo peor.

18 feb 2010

¿Tengo poderes?

Tomé por Oro. Ya lo había hecho unas dos veces más: repetición de un trayecto. En la primera, llovía. Bajé del subte, comprobé que las duplicaciones eran parte de mi vida: me dejé en el subte el paragüas. Caminé bajo la lluvia con el recuerdo presente de alguien que alguna vez había dicho “corir bajo la lluvia”, porque era francés y todavía no se llevaba bien con el castellano ni con las “e” ni con las “erres”. En la segunda, tomé para el lado contrario, y el pensamiento anduvo encorsetado en el recurrente fastidio de alguien que se pierde entre las calles. De hecho, esta vez fue diferente. Mientras caminaba esas cuatro cuadras por Oro, un pensamiento me tomó por asalto “Gaudio y Kloosterboer. Esas fotos en las que salieron en diciembre. Sí, esas fotos… En las que se los veía sonrientes desde la ventana de un bar. En las que se hablaba de rumores de reconciliación. A la vista de todos, Marcela y el Gato, recuperando el tiempo perdido. ¿Irían a un bar para que todos los vieran? Para mostrarse. Para molestar a sus ex: para cantar “pri” a modo de venganza… Porque las fotos quedan fijadas a la retina de quién las mira, lo sabemos. Porque son evidencias. Pruebas de vida. Los dos sonrientes, tomando café en un bar…”
Al terminar Oro, ahí por detrás de la Rural, Cerviño hace una pancita de menos de una cuadra. Confiada en el camino, esta vez mis pensamientos seguían haciendo desfilar imágenes de ese amor o de esa mentira. Que el “Gato” esto y aquello… Y en esas, pensando durante cuatro cuadras en Gaudio, ¡zas! golpe certero de realidad: mi paso se interrumpe ante una mesa en la puerta de la confitería “Nucha”. En la mesa, sonriente, tomando café con un fulano: Gaudio. CANCHERO…. una sonrisa de dientes blanquitos … CANCHERO … Presa del shock, frené horrorizada, lo miré entre estremecida y desconcertada. Si, era él. El mismo que había venido conmigo estas cuatro cuadras. Ahora, frente a mí. Ahora, sonriente. Ahora, sentado, tomando café. Y me quedé ahí, prolongando un stop durante cinco segundos, sin pestañar, sin comentar que el producto de mi sorpresa, con las manos abiertas, temblando, era otro. Gaudio, presumiendo, tal vez, que el stop era el gesto descabellado y acostumbrado de una de sus fans, accedió entre CANCHERO y gauchito a darme la mano, a traerme hacia su cuerpo, a darme un beso en la mejilla.
Llegué a casa y busqué las fotos de aquel romance furtivo de café. Quería comprobar si las fotos estaban tomadas en el bar por el que yo había pasado esa tarde. Sí, quería pruebas. Releí una nota: “esta vez, el lugar elegido fue el Café Martínez, situado en la esquina de Oro y Libertador, cercano a los domicilios de ambos, donde cada uno llegó por separado para luego sí compartir una mesa. Allí, en ese atardecer porteño, hubo risas y miradas cómplices, como si el tiempo se hubiera suspendido”
No, no era el mismo bar. No, era café Martínez. De todos modos, Gaudio era Gaudio.

¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de haberlo sentado en el café a fuerza de pensamientos recurrentes?

15 feb 2010

Vol. II. Flower Power

En el día de la fecha, se da por cerrada la votación de Hombres que NO Vol. II. Los guarismos oficiales arrojan los siguientes datos, a saber:
El jogui: dos votos (2)
El hippie que comía flores de la calle y hacía jugo de una mandarina: seis votos (6)
El violinista que dejó la música de cámara y puso un pelotero: seis votos (6)
El niño militante que fue a comprar forros y terminó detenido: dos votos (2)
El Brad Pitt bostero de La Boca: un voto (1)
El galán secundario de "Culpable de este e este amor": dos votos (2)
Dado un nuevo empate, y sin ánimo de extender los sufragios, la historia que comienza es la del hippie que comía flores de la calle y hacía jugo de una mandarina.


Día I

-Mirá, prestá atención, él es el que nos sacó todas las chicas del secundario. Te lo presento, Amalfi. - me dijo Cuevas en un tono de resignación y de desafío.
-Hola! – dijo Amalfi, entre risas.

Lo que vino después fue un repertorio de tragos, preguntas de conocimiento general, un poco personales y un poco al voleo.
Amalfi, Cuevas, Cassaretti y Chavez eran amigos desde el secundario. Menos Amalfi, el resto eran de esos amigos con los que salíamos casi todos los fines de semana, allá por los veintipocos años. El derrotero abarcaba, fiestas, cumpleaños y bares, de los que por lo general nos echaban rápido porque el cinismo, la ironía y el desenfado de los muchachos era difícil de sobrellevar.
Algunas veces nos íbamos de raje de los bares sin pagar, otras, el robo menor de alguna botella de vodka en alguna fiesta nos hacía precipitar la fuga. Entonces, nos subíamos al auto de Cassaretti y enfilábamos para otra. Siempre llevábamos una lista de planes B y C, para seguir toda la noche, yendo y viniendo, casi siempre borrachos, casi siempre a los gritos, pero nunca pelea de puños.
Incluso, una vez, de lo empinada que andaba, me hice pis en el auto de Cassaretti y tuve que bajar con la campera en la cintura para que nadie decretara mi expulsión del grupo.
A veces, perdíamos a alguno en el camino, y al llegar al nuevo lugar de saqueo notábamos su ausencia, y aunque el grupo era revoltoso, armábamos un comando solidario, dos o tres al auto y a buscarlo. A veces, sin éxito, porque el tipo se había perdido en la noche detrás de las faldas de alguna señorita o porque en lugar de ir al plan B, estaba en el C. De todos modos, si bien la solidaridad no era bien vista, al día siguiente, si el tipo no había dado pruebas de vida, hacíamos cadena telefónica hasta encontrarlo.

-Vení, vamos a bailar, que este tema me gusta! – dijo Amalfi, tomándome de la mano.

Y fuimos.
Para mi sorpresa, Amalfi, tenía un modo de bailar que era lo más parecido a estarse quieto y hablar, entonces dada su altura y su estatismo, yo revoleaba como un colibrí alrededor de ese yuyo largo, sin éxito.

- Sabés que un día me compré una coca, yo gaseosa no tomo, no me gusta darle plata a los imperialistas de turno, pero ese día no había otra cosa en el quiosco, destapo la botella y posta que me gano una entrada para ver a los Stones. ¿Qué loco, no?- me dijo Amalfi, mientras yo bailaba algo de los Stones, y pensaba “estos hippies tienen una suerte”.

La noche siguió entre los dos, siempre interrumpida por los amigos que venían a desarmar lo que ellos mismos habían creado. Hasta que Amalfi me dio un beso y empezó lo nuestro.
Un año después cuando me puse muy de novia con Chavez, sabría que él al vernos besar a Amalfi y a mi había salido corriendo de la fiesta a vomitar de parado contra un árbol.
Pero esa noche y en esa fiesta, Amalfi me invitó a su casa y yo me negué un poco porque tenía muchas ganas de irme con él y otro poco porque los amigos estaban insoportables y era mejor verlo con más calma en otro momento.

Día II

Amalfi me llama por teléfono, eran épocas en las que los celulares eran para los hombres de negocios, no para hippies o artistas.
Fuimos a un bar, nos tomamos todo lo que pudimos pero el frío era un mal amigo de los encuentros, así que él ofreció seguir la velada en su casa porque tenía estufa. En general, los pretextos, sobran.
Ya en su casa, el encendió la estufa, mientras ofrecía algo para tomar.

- Querés un té? – dijo.

- Odio el té, a menos que no sea té de té… ¿tenés algún otro?

- Te puedo hacer un jugo de mandarina. Te cabe? – dijo él haciendo uso de una jerga bien hippistrela.

- Dale! – dije yo, sabiendo que un jugo era poco alentador en medio de tanto frío.

Mientras él en la cocina hacía lo propio, yo recorría el living mirando unas mil fotos que colgaban de unas soguitas. Él era fotógrafo, yo lo sabía. Lo que no entendía era el por qué de tantas fotos de chicas. Todas lindas, todas mujeres. Ni una sola foto de un gato, de un paisaje o un primer plano de algún engranaje extraño. No, chicas y más chicas. Todas lindas. Entonces le cedí paso a una disgresión fallida, "quiénes serán todas estas. Estarán vivas. Terminaré retrada a la vista de otra que entre y piense lo mismo?"

- Hay un catálogo, si querés ver las de obras de arte – dijo desde la cocina tal vez advirtiendo mi padecer.

El catálogo estaba reseñado por apellidos de familias, casi todas patricias, familias que tenían en sus casas cuadros de Spilimbergo, Alonso, Castagnino, Pettorutti, Forner, Quinquela Martín y más. Cuadros hermosos para unos pocos. Eso hacía Amalfi en ese momento, sacar fotos de obras de arte. Y le iba bien.
Él tomo su té y yo los dos centímetros de jugo de mandarina que me había hecho. Los dos sentados en el pasillito que daba a la cocina. Los dos a un metro de la tiro balanceado que sólo daba calor en ese cubículo.
Nos besamos. Y nos fuimos a la cama, entre comentarios difusos de cómo hacía el jugo de mandarina.

- Las pelo y las estrujo, pero no sale mucho jugo, el gusto es re-copado pero las naranjas son mejores – dijo como si ese dato no fuera de público conocimiento.

Ese día la pasé bien porque sus largos brazos y piernas y sus ojos azules, inmensos, eran una buena compañía.
Antes de irnos a dormir, y después de haber saciado nuestros apetitos carnales… el frío seguía presente.

- Querés un camisón? – me dijo Amalfi.

- Esta era la casa de mi abuela y todavía quedan muchas cosas de élla – agregó intentando amansar mi cara de asombro.

Y así fue, terminé con un camisón abrigadito que me llegaba hasta los tobillos, tal vez la altura era una cuestión de familia. Aunque me resultaba difícil imaginar una abuela tan alta.
A la mañana yo tenía que ir a trabajar y le pedí el baño para darme una ducha.
Uh, no, no podés bañarte está la ropa en remojo. No es de mala onda, eh...– dijo con una naturalidad hippie abusiva.

Entré al baño, al menos para lavarme la cara y vi toda la bañera llena de ropa, con el agua casi negra y un borde negro por encima del agua que sentenciaba que esa ropa ya hacía varios días que estaba en remojo. “Qué sucios son los hippies, pensé”.

Día III

Sabés que me hacés acordar mucho a una novia que tuve. Con la que tuve una historia heavy. Un día cogimos y ella no se dio cuenta que tenía puesto un tampón. Y cuando se acordó ya era tarde. La tuvieron que operar.– dijo Amalfi.

“Qué dejados son los hippies, pensé”.

Día IV

Andando por la calle, Amalfi me entrega una flor, chiquita, una fresia o algo así. La huelo y el olor no era estimulante.

- No, no es para oler, comela. Son ricas. – dijo mientras él se comía una. Y a medida que avanzábamos seguía cortando flores y comiendo.

“Qué imbéciles son los hippies”, pensé, mientras accedía a probar una flor fea y maloliente que tenía gusto a rabanito.

Día V

- Cómo te llamás? – le pregunté en un rapto de lucidez, al advertir que lo seguía llamando como sus amigos del secundario, por el apellido.

Amado. – dijo Amalfi entre risas, mientras sacaba una flauta traversa y se disponía a tocar.

Hasta el nombre era in extremis hippie: Amado Amalfi. Supe que era el día de irme, mis oídos no estaban dispuestos a escuchar más, menos aún el sonido meloso de la tan hippie flauta traversa.
Y ahí, se terminó el amor.

11 feb 2010

Damier, otra vez en casa!

Volver de las vacaciones es casi lo mismo que comenzar otra vez. y aunque parezca estúpido o banal, me fuí a Punta, man.

Cinco amigas, en un yate, entre Pilsen y chivitos, de hombres, nassinnn. De las perlas idiomáticas hicimos un bi-repertorio gracias a nuestra amiga Lou Lou que a fuerza de insistencia nos pegó:

“damier”y “nassinnn”.

Ejemplos: Me quedó el culo como un mandril, ¡qué damier!
                En esta playa no hay nassinnn de onda.

Damier Nº 1: Colonia de Garquitas

En estas hermosas fotos vemos a los pichones de garcas y sus mini-veleros.





Damier Nº 2: Mi nombre es todo lo que Tengo

Se ve que en Punta está super "in" poner el nombre propio bien grande para que todos lo vean, nassinnn de nombres de fantasía.




Damier Nº 3: Si no es Casa Pueblo, el arte nos importa una Damier!
Nassinnn de mural


P.D.: Por si algún papa freída no votó, pueden leer el post anterior y votar el siguiente post de Hombres que NO Vol. II.


1. El Hombre Perro.
2. El Brasileiro que era igual a Meolans pero negro.
3. Techesco.
4. El Pelado que tenía una radio.
5. El Hombre más peludo del mundo.
6. El odontólogo standart.
7. El jogui.
8. El hippie que comía flores de la calle y hacía jugo de una mandarina.
9. El violinista que dejó la música de cámara y puso un pelotero.
10. El cheto de Paraguay y Bonpland.
11. El niño militante que fue a comprar forros y terminó detenido.
12. El Brad Pitt bostero de La Boca.
13. El galán secundario de "Culpable de este amor".

3 feb 2010

Mis 13 Hombres que NO!

Amigos míos, me alejaré de este país por unos días, ciertas cuestiones de fuerza mayor me llevarán en alza por las costeras aguas del paíshermano: Uruguay... Y en un yate! Como una conejita de Playboy sin el viejo ese que me sobe el lomo. Tomá mate!
Nada me pertenece eso está clarísimo pero ofertas así no se discuten. Y eso que, aunque no lo crean, me negué como una tonta camorrista: que esto sí que esto no....
Pero como estoy a punto caramelo con los post, y como resulta que se viene Hombres que NO. Vol. II lanzo a la incandescente blósgfera la siguiente "medición de tendencias":
La idea es votar cuál de estos olvidables Hombres que NO, llenan el post II:
(Recuerden que todo es 100 % real! UNCESORED!!!)










  1. El Hombre Perro.
  2. El Brasileiro que era igual a Meolans pero negro.
  3. Techesco.
  4. El Pelado que tenía una radio.
  5. El Hombre más peludo del mundo.
  6. El odontólogo standart.
  7. El jogui.
  8. El hippie que comía flores de la calle y hacía jugo de una mandarina.
  9. El violinista que dejó la música de cámara y puso un pelotero.
  10. El cheto de Paraguay y Bonpland.
  11. El niño militante que fue a comprar forros y terminó detenido.
  12. El Brad Pitt bostero de La Boca.
  13. El galán secundario de "Culpable de este amor".
P.D.: aprovecho para agradecer el primer mail recibido a la bandeja de entrada de este blog: gracias P. (que no es gracias, Piero!)

2 feb 2010

este blog cumple su primer mes...

 me urge hacer esta pregunta: ¿por qué hay más de 500 visitas?
¿no es mucho para una vida tan cortita?
¿seré yo misma que al entrar con mi usual reincidencia compulsiva me sumo porotos que no me pertenecen?

Yael Lic. argumenta que dada la curiosa e inconfesable similitud del nombre de este blog, con cierta cancioncita popular de la señorita Britney Spears, muchas de sus fans entran tras los pasos erráticos de una búsqueda fallida…

Yael Lic. ¿ángel o demonio?

en agradecimiento a los seguidores que se sumaron, a los comentaristas que acercaron sus señales de aliento... dejo el link:  ups! lo hice otra vez

31 ene 2010

Hombres que NO – Vol. 1

N. de E.: En esta sección, intentaré ser extremadamente fiel al siempre bien posicionado axioma: “basado en hechos reales”. Hombres que NO intentará reflejar este inverso cambio de paradigma: ahora los hombres no quieren solo “eso”.
Resulta que una vez que E se había ido de nuestra casa fraterna, XM y yo decidimos sumar una tercera integrante a la casa. La primera postulante fue aceptada sin más, luego comprenderíamos el impulsivo error que habíamos cometido. La  llamaremos “Tamagochi” * y será protagonista de otro post. Tamagochi  tenía unos amigos y con ellos fuimos a una fiesta. Al promediar la noche, Ignacio, su mejor amigo, nos propone continuar la velada en su casa, mirando una película. Todos dijimos: sí. El tipo, vivía en una casona antigüa, de escalera de mámol e infinidad de cuartos, al estilo “petit hotel”, en pleno centro porteño. Seríamos ocho en total. En un amplio salón, el tipo descubrió un proyector digital (en esa época no eran frecuentes) frente a una amplia pantalla electrónica de cine. Sí, en su casa. Todos nos acomodamos para ver una porquería protagonizada por Angelina Jolie. Ignacio hacía cine, y durante la fiesta, el traslado en coche, y ahora en su casa, no dejaba de comentarme los trucos de cámara, ángulo, luz, y demás cuestiones técnicas que venían muy poco al caso, más aún en una película de tan bochornosa factura. Pero como él me iba gustando un poco y rozaba su rodilla o su hombro junto a los míos, lo dejé decir.
La película terminaría una hora cuarenta después, 8:40 de la mañana y yo empezaba a sospechar si tendría sentido la ausencia del descanso. Cuando los títulos finales empezaron a caer en cascada, todos los otros espectadores se retiraron. Inclusive, Tamagochi. Yo, en tal confusión (se fueron a dormir a los cuartos? No me saludan? Tamagochi me tejió una emboscada?) anuncié que pediría un taxi. Ignacio, me dijo que no, que me quedara, que era muy tarde, mientras guardaba el proyector bajo siete llaves.
Lo que sigue es la copia más fiel que ha guardado mi memoria:
8:45 hs.
Ignacio: Vení, (me toma de la mano) te voy a mostrar mi estudio de edición
Unos veinte minutos del tipo mostrando publicidades, cortos, ediciones de sonido y blah blah….
9: 05 hs.
Ignacio:  Este es mi cuarto… y esta mi guitarra… (se sienta en la cama y con la guitarra en mano empieza un variadísimo popurrí que contiene desde Led Zeppelin hasta Paco de Lucía: todo lo que imagineis. Yo, tratando de mantener una posición erguida que con lo frondoso del popurrí terminó en posición fetal, en la cama.)
9: 45 hs.
Ignacio: (al percibir el pestaneo persistente de mis ojos) Sí, vamos a dormir
Dicho esto, lo veo hurgar en el placard: saca toallón, desodorante, perfume importado, maquinita de afeitar
Ignacio: Me pego un bañito rápido… (Sale)
Yo, incómoda como pito de travesti, me recuesto en la cama y comienzo un balbuceo interior al mejor estilo “qué hacer”: me meto en la cama? Me acuesto con la ropa? Me quedo así como estoy y lo espero?
10:00 hs.
Ignacio sigue en el baño. Canta en la ducha. Se escucha el agua caer y caer. Sigue cantando. Luego, una rutina sistemática: secado, frotado, desodorante y perfume. El ruido del agua es relevado por el chillido de la maquinita de afeitar. Sigue… encerrado en el baño ...
Yo, abrumada por el curso de los acontecimientos, decido en un arrojo de valentía, sacarme la pollera (era prestada y no daba arrugarla toda!), meterme en la cama y cerrar los ojos.
10: 30 hs.
Ignacio sale del baño, inmaculado, con una toalla de mano sujeta a la cintura por única prenda. Se sienta en la cama, toma la guitarra y me dice:
Ignacio: Conocés esta? (Abro los ojos. Comienzan los acordes de otro tema de su imperecedero repertorio musical)
Yo: Tengo sueño.
Ignacio se quita la toalla y se mete en la cama. Besos y frases bonitas:  me gustás, me gusta tu.., tu mirada… y esa forma que tenés… Me abraza y arranca como un camión cisterna unos ronquidos desaforados… en mi oreja. Sí. Me alejo, lo codeo. El rugido cesa.
11:15 hs.
Ignacio: (Despierta) Pongo el despertador a la 1. (13 hs.)
13 hs.
Se despierta. Me despierta a los besos y a los arrumacos, y las palabras dulces al oído. Todo amor y felicidad. Empieza a montarse finalmente la escena sexual. Vuela la ropa. Los besos pierden la melosidad de sus palabras.
13: 20 hs.
Suena el despertador, otra vez.
Ignacio: Tengo que irme. (El porno soft se transforma en una película ATP.)
Yo: (Risas y más risas)
Ignacio, acariciando mi pelo, con mirada amorosa, entre mimos lentos, y gestos que buscan complicidad en mí,  dice: “sirvió para un primer acercamiento”

En honor a la justicia femenina, se terminó el amor.


* Los nombres reales de los personajes han sido cambiados para proteger a los desprevenidos. Cualquier similitud con el nombre o la historia de alguna persona, viva o muerta, es completamente coincidencia y no intencional.)

26 ene 2010

Así hace mi mascota!


En este primer mes (aún no consumado) queremos rendir un merecido homenaje a la amiga Electra, quién a fuerza de insistencia y tozudez, obstinación y terquedad ha sobresalido en sus comentarios. A ella, nuestro magro y sentido galardón virtual: "amiga del mes". Allí la vemos haciendo torzadas con sus brazos de goma. Atrás, a la izquierda del espectador, su tierna mascota descargando…

Repeticiones II

No estoy muerta. Estoy simplemente, pisando firme en las sendas de la locura...

20 ene 2010

In memorian

(a mi querida pc, 1999-2010)











en silencio,
tu telón no se abre
en desnudez bestial
sin aliento

tu
mi pasaje blógsfero
extraña ausencia
final de los días

llegó tu hora
tu margen
mi pc
mi pezón ambulante

no temas por mi
me tomaré un tiempo
y volveré a amarte
en otra piel…

15 ene 2010

Bombachitas impresas

Resulta que no se quién me estaba hablando que las Invasiones Bárbaras esto o aquello, y yo al intentar googlear un par de datos, tipeé mal, y me aparece una bonita página para vestir a: Barbie, chicas, niñas, muñecas, hadas, elfas, ángeles, mascotas como perros y gatos, y hasta famosos! (sic) Y ahí recordé que de mozuela había vislumbrado la posibilidad de desarrollar un magnífico emprendimiento textil-gráfico-financiero: impresión de bombachitas para jovencitas, las niñas a jugar con las Barbies y las elfas...
Y la idea alcanzaba ribetes a las vez que lúdicos, didácticos. Como bien dijo alguien alguna vez, además del dinero, es bien visto estimular el alto contenido humano de la prenda.

Estas eran algunas fallidas ideas de las bombachitas impresas:


Nota al Lector: en dónde dice “adelante” se refiere a
esta parte:Texto impreso “adelante”


“entrada a la gorra” (para que las jovencitas aprendan a cuidarse desde menudas)
“Manon del Manantial” (como advertencia al consumidor)
“Vietato fumare” (por si el quia es italiano y sigue con el cigarro prendido)
“Y la nave va...” (para que el tipo tome coraje)
“No hay dos sin tres” (por si el reincidente no ha tenido éxito aún)
“Mira quien habla también” (por si el mocosito no percibe la cuestión)
“Entrada libre, salida a la gorra” (sólo para libertinas)

Texto impreso “atrás”

“Salida únicamente” (tampoco es cuestión de andar entregándolo todo!)
“Salida de emergencia” (si no quedan más opciones de Conquista)
“No pasarán” (sólo para milicianas)
“Se recomienda discreción” (para aquellas que se animan a más pero temen el correveidile)
“Se recomienda cerrar y reiniciar desde la bandeja de entrada” (cuando el tipo se tomó demasiada confianza)
“Cuidado meteorito!” (en el caso de hemorroides externas)

y en donde dice "atrás", a esta otra.

13 ene 2010

Un vaso menos

Bueno, el tema es que yo vivía con un amigo, uno de esos amigos que patean para el otro córner. Mi amigo estaba en eso de la poesía y yo no tenía nada mejor que hacer esa noche. Nos tomamos un colectivo que nos dejó mal y caminamos muchas cuadras. Hasta que llegamos a la esquina de Juan B. Justo y San Martín caminamos unas veinticinco cuadras. Siempre girando porque en esa zona algo anda mal. Las paralelas se cortan con ellas mismas, una porquería. Total, llegamos. Era un evento doméstico del tipo “cuelga de poemas”. Era en una de esas casas apaleadas por la humedad, en la terraza sobre una soga había poemas colgados. El Gran Casas estaba terminando su lectura justo cuando tuvimos que entrar y mientras mi amigo saludaba en su silencio inmaculado de bibliotecario a otros afamados poetas yo me sentaba en el mismísimo lugar en el que un vaso de vino me abría el culo en dos. Me paré de súbito fustigando unos temibles pensamientos “ lo último que me falta es terminar la noche en el Durand ” Tomé coraje y en eso me saqué con la prudencia del perito y la pericia del cirujano el vaso del límite en donde la raya hacía fondo. Bajé unas escaleras, me metí en un baño con profuso olor a Pinolux y trepada al inodoro intenté hacer coincidir la imagen de mi culo con el marco del espejo. Sin rastros de sangre, rendijas, ni excoriaciones. La operación había sido un éxito. Subí de dos en dos los peldaños hacia a la terraza con la candorosa ilusión de que nadie hubiera notado mi retirada. Pero en el primer cruce humano post escaleras, una chica sencillita me preguntó si estaba bien, más adelante en una esquivada medio violenta, mi amigo me miró con cara de “qué te pasó ahora” y me preguntó lo mismo, pero más bajito. Esta vez me quedé parada bien al fondo contra la baranda de la terraza. “Un poco de aire me hace bien”, recapacité acuciada por el sudor naciente. “Siempre de frente, mejor”. Cosa de no andar mostrando el hilván. Cosa de no seguir pensando en el vaso, en el vino, en el baño, en el espejo. Pero el mapa de mi culo seguía nítido en la retina. En esas, el Gran Casas leyó: “todo lo que se pudre forma una familia”.

11 ene 2010

Mails del pasado remoto

Mujer!!! Por dios estamos en una cruzadera de la puta madre Estoy muy preocupado por ti... Cuando te escribí leí que estabas en Atacames y que te tomabas un carguero a Tumaco... Pucha lo mas cercano era Buenaventura...para llegar allí me quite a Cali... Donde estuve solo horas porque cogi el primer bus que tuve para Buenaventura para encontrarrrrte.... Llegue a Buenaventura con idea de encontrar internet y decirte que te espero ahí o que no te muevas de Tumaco para buscarte también... Llegue a Buenaventura a buscar barco para poder ir, viaje 3 horas a Buenaventura llegue y no encontré ningún puto barco busque en todas las bodegas con un negrito... Y como había problemas para quedarnos ahí... Tuvimos que regresar a Cali y coger el primer bus de regreso a Ecuador ... Para agarrar por el otro lado ... Para llegar a Esmeraldas y estar mas cerca ... Regrese a Cali... Para salir en una... Hacia la frontera hacia Ipiales, pase Ipiales... Y me quite a Quito ahora estoy en Quito esta noche..... Y me quedo aquí... Pensaba irme de aquí a Esmeraldas... Y de ahí a Montañitas , dime donde te encuentro.... Me imagino que si estas en Cali vas a tener que bajar... A la frontera a Ipiales...donde estuve hoy en la mañana y de ahí a Quito... Ya no quiero decirte qué pasará mañana …, mira me dices que te quieres ir a Montañitas ...entonces te encuentro ahi creo que es lo mas factible ... Como me dices que te quieres quedar ahi unos dias .. Entonces salgo para Montañitas y te encuentro ahí... Mira hoy es 20..... Mañana 21 salgo para Esmeraldas después que lea lo que me respondes y el 22 voy a Montañitas en la mañana y ahí te espero y no me muevo... Llego a Montañitas en la tarde y ahí me quedo hasta que llegues... De todas maneras entro mañana en la mañana para saber que fue de ti... Si leíste y me respondiste... Tu tranquila, no te preocupes ni te molestes tantoooo... Te quiero mucho Beso grande mujer respóndeme urgente que estoy realmente preocupado... Y a los tipos tarados que te invitan todo por engancharte no les des bola y sángralos... quiero verte ya ¡ ... J.

10 ene 2010

Realidad o Ficción

"Por si no os habéis dado cuenta, todos mis libros tratan de una persona solitaria que busca alguna forma de conectar con los demás. En cierta forma, es lo contrario del sueño americano: hacer­se uno tan rico que pueda elevarse por encima de la chusma, de toda esa gente que va por la autopista o, peor todavía, que va en autobús. No, el sueño es una casa grande y solitaria en algu­na parte. Con un ático de lujo, como la de Howard Hughes. O un castillo en lo alto de una colina, como el de William Randolph Hearst. Un nido encantador y aislado donde uno pueda invitar solamente a la chusma que le cae bien. Un entorno que uno pueda controlar, libre de conflictos y de dolor. Donde uno reine."
Chuck Palahniuk - Libro: Error humano - Ed. de Bolsillo.